domingo, 22 de febrero de 2009

Elecciones descafeinadas


El próximo día 1 de marzo tendrán lugar las jornadas electorales de Galicia y Euskadi. Todos recordamos las circunstancias en que fueron convocadas y el aprovechamiento por parte del lehendakari de la fecha prevista por los gallegos para diferir el impacto de unos comicios exclusivos en tierras vascas.

Ni la coincidencia con la recesión económica mundial ha evitado que los candidatos reparen en gastos y sigan su "política" de mítines y actos varios con mayor o menor acierto. Pero lo que clama a la bóveda celeste es que el debate se halle muy lejos de los intereses de gallegos y vascos.


Hace años los gallegos decidieron acabar con el régimen fraguista y optar por nuevas vías, nuevas alternativas que les pusieran en el mapa y les sacaran de las páginas de corrupción en que solía diluirse la actualidad gallega. Hoy esperan como cualquier español unas buenas comunicaciones por tren y carretera con el resto de la península, de las que han sido privadas durante siglos.



Los vascos, por su parte, siguen a vueltas con el estatuto de autonomía y las parcelas de poder que los sucesivos gobiernos de izquierda y derecha han ido concediéndole, según la necesidad de los apoyos nacionalistas en Madrid, mientras guiñan el ojo a los radicales sin que les veamos.


Pero ni vascos ni gallegos escuchan estos días lo que realmente les interesa, sino que por mor de la actualidad se convierten en el escenario donde "los señores de Madrid" van a limpiar los trapos sucios del foro, hablando de cacerías, de corrupciones municipales, de espionajes, pero nada de lo que les importa.

Asi las cosas, tendrán que llevar una idea clara a las urnas el próximo domingo 1 de marzo, pero lo único que habrán oído serán las descalificaciones en una y otra dirección, sin propuestas palmarias, pues éstas no interesarán a los informativos que abren con declaraciones grandilocuentes.

Cada vez son más los sociólogos que apuestan por acabar con el derroche de las campañas por su inutilidad en la decisión final del votante, pero sobre todo por su opacidad a la hora de mostrar el valor añadido del partido en ciernes. Ya son mayores los votantes y con 4 años tienen bastante para decidir.

Además...¿de qué sirven los resultados cuando todo acaba arreglándose con pactos antinatura en los despachos? Con la ilusión óptica de la descentralización, todos saben que las decisiones...tendrán al oso y al madroño como anfitriones.

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